Nuevos tiempos, viejos estadios
Anfield tiene los días contados. El mítico estadio del Liverpool tiene fecha de caducidad: los “reds” se marcharán sin remedio a su nuevo hogar, en Stanley Park, a las afueras de la ciudad de The Beatles. El motivo, como tantas otras veces, es económico: a cambio de unos terrenos que son propiedad del equipo de Rafa Benítez desde hace más de un siglo (Anfield se construyó en 1884 y el Liverpool lo tiene en propiedad desde 1892), la administración local le reembolsa una importante suma de dinero y un lugar donde ubicar su nuevo ‘hogar’.
Todos salen ganando: campo nuevo y con mayor capacidad para el equipo, e importantes terrenos, por bien ubicados, en los que construir viviendas o lo que guste. Y si además se consigue un patrocinador multimillonario que suelte la pasta a cambio de “manchar” el nombre del estadio (véase el Arsenal con su reluciente Fly Emirates Stadium, ¿dónde estará Highbury?), mejor que mejor.
A los socios, seguidores, aficionados casi nunca se les pregunta, y la magia y los recuerdos que albergan estos templos del fútbol se pierden.
Esta “moda” de abandonar los estadios de toda la vida para irse a uno nuevo no es algo reciente. En España tenemos ejemplos como el del Espanyol de Barcelona, que abandonó el mítico y céntrico Sarriá, azote del Real Madrid en sus días, para desplazarse al ya estrenado Cornellá – El Prat, previo paso por el Olímpico de Montjuic. Otro histórico de nuestro fútbol, la Real Sociedad, se fue de Atocha a Anoeta, ubicado en la zona universitaria de la ciudad de La Concha.
El Atlético de Madrid se unirá a esta lista en los próximos años, ya que su futuro está en La Peineta. En este caso, sus dirigentes andaban como locos por irse del Calderón debido al dineral que iban a cobrar por sus terrenos, y algunos aficionados, en días de partido, seguro que también quieren dejar el Manzanares… por las obras y el sufrimiento, claro está. Betis y Sevilla estuvieron a punto de compartir estadio y abandonar el Ruiz de Lopera y el Sánchez Pizjuán, y en Murcia han construido un campo de Primera División (la Nueva Condomina, impresionante) para un equipo que lucha por no descender a Segunda.
Hasta cierto punto tiene su lógica que se siga esta tendencia. Hay que pensar que la mayoría de los clubs importantes poseen sus instalaciones en lugares que, cuando fueron construidos, representaban las afueras de la ciudad (caso del Bernabeú o el propio Anfield). El crecimiento demográfico experimentado el siglo pasado hizo que las urbes fueran extendiéndose hasta dejar englobados dichos recintos dentro de los centros neurálgicos de las ciudades. Ahora esos terrenos valen millones de euros (antes de la crisis unos pocos más), y los dirigentes los ven como una manera de sanear las cuentas.
Los socios y seguidores son los que más trabas ponen a estas mudanzas, las costumbres y las vivencias son difíciles de cambiar y olvidar, pero las comodidades del nuevo estadio, en forma de calefacción, baños más modernos o puestos de comida y bebida parecidos a restaurantes con estrellas Michelín, ayudarán a que el disgusto pase rápido.
Tags: Anfield, Bernabéu, Calderón, estadios, Fútbol, Sarriá

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